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Durante la década de los años sesenta y setenta, la Torre Insignia (también llamada Torre Banobras) fue uno de los 5 edificios más altos de la Ciudad de México.

 

Es un rascacielos, obra del arquitecto Mario Pani, con una altura de 127 metros y 25 pisos. Su forma de prisma triangular se ha convertido en un icono del norte de la avenida Insurgentes.

 

Su construcción duró 9 años (1957-1966), se inauguró cinco años después de la Torre Latinoamericana.

 

Los mosaicos de las fachadas laterales estuvieron a cargo del pintor Carlos Mérida.

 

Durante tres décadas, este edificio fue ocupado por el Banco Nacional de obras y Servicios Públicos.

 

Tras el terremoto de 1985, la torre fue desocupada por daños a su estructura y por desnivelación.

 

Pasó varios años en abandono, hasta que en 2007 fue comprada y al año siguiente puesta en renta con el nombre de Corporativo Tlatelolco.

 

EL CARRILLÓN

 

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El último piso fue pensado para ser un mirador, en donde se ubica un carillón con 47 campanas de distintos tamaños, regalo del gobierno de Bélgica a la Ciudad de México.

 

Este instrumento tiene campanas fijas que se mueven por cables y otros sistemas de articulación. Se acciona desde una cabina con un control similar al de un órgano. Las teclas son de madera, hay que golpearlas con fuerza para accionar el mecanismo que hace sonar las campanas.

 

Yolanda Fernández fue la encargada de tocar el carillón con regularidad hasta 1985. Llegaba una vez por semana al inmueble. Los vigilantes le acompañaban hasta la cúspide para permitirle entrar a la cabina y que pudiera tocar melodías que inundaban la Unidad Tlatelolco, lo que lo mantenía afinado y prevenía que el óxido hiciera inservible su funcionamiento.