Como una “experiencia de transfiguración” describió el Papa Francisco su reciente viaje apostólico a México.

Ante miles de fieles congregados en la Plaza de San Pedro previo al tradicional rezo del Angelus, también alabó la “fe franca y robusta” de los mexicanos, un pueblo “tan a menudo oprimido, despreciado y violado en su dignidad”.

Aseguró que los diferentes encuentros vividos en México estuvieron llenos de luz, pero destacó como el centro espiritual de su viaje la visita a la Virgen de Guadalupe, 20 minutos durante los cuales, dijo, se dejó mirar por ella.

El Papa Francisco también consideró que el pueblo mexicano tiene un deber, que es el de custodiar la riqueza de la diversidad y manifestar la armonía de la fe común, una fe franca y robusta, acompañada de una gran carga de vitalidad y humanidad.

También recordó el encuentro histórico que mantuvo en La Habana, donde hizo escala de camino a México, con el patriarca de la Iglesia ortodoxa rusa, Kiril.