La contaminación en la Ciudad de México, afecta no sólo la salud humana, también al patrimonio cultural, por lo que especialistas hacen un llamado a la política ambiental, para preocuparse de los monumentos, ya que su salud también es importante.

El Palacio de Bellas Artes, el Monolito de Tláloc y los murales del Polyforum Cultural Siqueiros, día a día libran una batalla contra crisis ambiental que producen erosión, corrosión, exfoliación, suciedad o pérdida de pintura, entre otros daños.

En el caso de la conocida lluvia ácida, provoca que las piedras de edificaciones históricas se deterioren, y al secarse, el vapor produce descamación o exfoliación del material, acumulación de hollín, entre otros, explicó el arquitecto restaurador Ricardo Prado.

Así mismo, el ingeniero químico Luis Torres, comento que el hollín, además de ensuciar, produce ácido sulfúrico en las piedras, lo que ocasiona deterioro en frisos del Palacio de Bellas Artes y la Catedral Metropolitana.