De acuerdo con la Encuesta Nacional de Epidemiología Psiquiátrica 2012, realizada por el Instituto Nacional de Psiquiatría, de la Secretaría de Salud, la anorexia y la bulimia afectan a 2.8% de las mujeres y al 0.9% de varones.

Pero estadísticas internacionales revelan que la frecuencia de la anorexia y la bulimia oscila entre 0.5 y 3.5% de la población general.

Se trata de trastornos en la conducta alimentaria que no son curables y que, hasta hace poco tiempo afectaban principalmente a jóvenes de entre 20 y 22 años de edad, ahora tienen etapas de inicio muy tempranas, ante la importancia que se le ha dado al aspecto físico perfecto, asociado al éxito social y profesional que además, influye en muchas personas que se sienten descontentas con su imagen.

La anorexia es la fobia a subir de peso por lo que, quienes la padecen, comen una mínima cantidad de alimentos al día para no “engordar”, mientras la bulimia, aunque también es fobia a engordar, hay una tendencia a comer demasiado y darse “atracones”, para después vomitar la comida, en un sentimiento de culpa. Ambas ponen en riesgo la vida.

Para los especialistas del sector salud estos trastornos revelan un trasfondo psicológico derivado de ambientes familiares no adecuados, madres controladoras, abusos sexuales y, como resultado de los problemas emocionales que generan, los jóvenes afectados presentan síntomas de anemia, debilidad, cansancio extremo, gastritis o lesiones en el esófago.

Por eso, los especialistas del sector salud estiman prioritario que los padres y tutores de niños y adolescentes fortalezcan la comunicación con los jóvenes, a fin de ayudarles a reestructurar el sentido de pertenencia a la familia, así como de los valores de una buena alimentación para conservar la salud física y mental en la vida adulta.