En el ocaso de la década de los 80, surgió No me hallo, primer álbum grabado por El Personal y el único con su alineación original.

De origen jalisciense, es un plato de apenas ocho cortes y 35 minutos de duración, cuya calidad sorprende por más de un motivo: desde la impecable calidad de la grabación (por completo independiente), pasando por el arte gráfico —con pintura incluida de Alejandro Colunga en portada e ilustraciones de Tris y Jino en el cuadernillo interior denominado el Nomehallograma—, hasta la ingeniosa e impecable parte lírica.

De esta última, el responsable fue Julio Haro, primer vocalista y artífice de la agrupación, dueño además de un estilo letrístico rebosante de un descomunal sentido de la ironía.

Ejemplo de ello es la pista titular, ubicada en el sexto track; una canción cuya letra bien podría traducirse a toda una multitud de lenguas —como pasa con los libros— y su mensaje seguiría resonando universal e incesante.

Es un reggae con todas las de la ley, infecto de altas dosis de jocosidad y socarronería. Con entera franqueza, expone a los cuatro vientos la crisis existencial y de identidad que aqueja al hombre desde tiempos inmemoriales, pero que suele guardarse para sí mismo:

«Me busqué en el directorio,
me busqué en la enciclopedia,
me busqué en el padrón electoral,
me busqué en la filosofía oriental
y no me hallo.»

La canción toda es un ejercicio humorístico, aunque no por ello su mensaje pierde un ápice de su trascendencia artística.

En 1989 y 1992 fallecieron Pedro Fernández (batería) y Julio Haro, respectiva y prematuramente, víctimas del VIH. Quizá ya sabedor de su mortal destino, casi al final de este tema Haro sentencia con un verso tan contundente como Personal:

«Soy un pobre vagabundo, mi reino no es de este mundo.
No me hallo, por más que le hago, no me hallo.»

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