Las aletas para nadar, los bifocales, pararrayos, una lámpara callejera, una extensión para bajar un libro, tienen algo muy importante en común. ¿De qué se trata?

Benjamin Franklin decidió nunca patentar ninguno de esos inventos, los regaló a la humanidad, él decía “deberíamos estar contentos de servir a los demás por los inventos”.