El fútbol siempre fue un paria dentro del programa olímpico, pero en los Juegos de Río de Janeiro Brasil lo ha elevado a primera categoría, a nivel de obsesión por lograr un oro que siempre le fue esquivo.

Brasil, el país más laureado de la historia del fútbol, con cinco mundiales, ocho Copas América y cuatro Copas Confederaciones en su palmarés, nunca ha ganado un oro olímpico, ni en categoría masculina ni en femenina.

La selección se quedó con la miel en los labios en tres ocasiones, las dos primeras en 1984 y 1988 y la última en Londres 2012, cuando el equipo de Neymar, entonces menor de 23 años, perdió con México la final por 2-1 contra todo pronóstico.

En Los Ángeles 1984, Francia fue el verdugo de un Brasil en el que aparecía Dunga, el actual seleccionador brasileño, y cuatro años después en Moscú, fue la Unión Soviética la que dejó con una plata de sabor amargo a la Canarinha, que entonces contaba con un equipo de lujo integrado por Romario, Bebeto, Taffarel, Jorginho o Mazinho.

Todos esos jugadores fueron titulares en el Mundial de 1994 en el que Brasil se cosió la cuarta estrella sobre el escudo de su camiseta.

En categoría femenina, Brasil tiene dos platas (2004 y 2008), aunque este resultado sí se equipara a su rendimiento en los mundiales, en los que su mejor resultado fue alcanzar la final en 2007.

Con el objetivo de no volver a naufragar en casa, lo que supondría repetir el fracaso del Mundial de 2014, aún fresco en la memoria de los brasileños, la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) puso todo su empeño para volver a contar con Neymar, su mayor estrella.

Esta decisión ha supuesto que Dunga se viera obligado a renunciar a convocarle a la Copa América Centenario por exigencia del Barcelona.

Dunga, que dirige tanto la selección absoluta como la olímpica, cuenta con un buen grupo de jóvenes menores de 23 años como Rafinha Alcántara, centrocampista del Barcelona, y Felipe Anderson, media punta del Lazio italiano, o el delantero Gabriel, del Santos.

El atacante del Barcelona Neymar, el media punta Renato Augusto y el portero Fernando Prass, de 38 años, serán los tres jugadores permitidos de edad libre.

En el equipo femenino, en el que no hay límite de edad, Brasil acudirá con sus mejores jugadoras, entre ellas Marta, ganadora de cuatro premios de la mejor futbolista del mundo, y Formiga, la única jugadora que ha estado presente en todas las ediciones de los Juegos Olímpicos, desde Atlanta 1996.

Los aficionados han respondido al nivel de exigencia que se ha autoimpuesto la selección colgando el letrero de “no hay entradas” en todos los partidos de la Canarinha.

No en vano, el fútbol es el deporte en el que se han vendido más entradas de los Juegos, según datos del comité organizador de Río 2016, que auguran unos niveles de público en los partidos de fútbol sin igual en la historia olímpica.

De hecho el fútbol siempre fue considerado como un deporte menor en los Juegos, debido al enfrentamiento entre la FIFA y el Comité Olímpico Internacional (COI) que se remonta a los años 20 del siglo pasado.

El desacuerdo entre ambos organismos por el pago a los futbolistas llevó a la FIFA a crear el primer Mundial, en 1930, y en las décadas sucesivas prosiguió el tira y afloja por el que, a día de hoy, los jugadores siguen sin darle excesiva importancia al torneo olímpico.

Por ello, estrellas como Lionel Messi y Cristiano Ronaldo han declinado participar en los Juegos de Río, por preferir disputar la Copa América, en el caso del argentino, y la Eurocopa, del portugués.

La única gran excepción es la de Neymar, que sí se toma en serio el reto olímpico por la obsesión dorada de Brasil.

Para el delantero barcelonista, la selección debe concentrarse para librarse “del chip de las derrotas” y luchar por el oro en casa.

“Lo que pasó, pasó”, dijo Neymar. “Espero que al final de todo me iguale a los grandes campeones olímpicos y que el equipo entero pueda hacer historia, traer este oro tan difícil para Brasil. Es eso lo que buscamos”.

Las aspiraciones brasileñas, no obstante, también se topan con las de su principal antagonista, Argentina, una de las selecciones más fuertes que acuden a Río y que ganó dos oros en las tres últimas ediciones de los Juegos.

Los argentinos, seculares rivales de Brasil, ya están calentando el clima y respondieron al caluroso recibimiento al país proferido por el ministerio de Turismo brasileño en Twitter advirtiendo de que sus intenciones son llevarse el oro en el Maracaná.

 

EFE