Río de Janeiro, 13 Ago (Notimex).- Los mexicanos que desde el 9 de agosto participan en diversas competencias de clavados deberán seguir lanzándose al agua “verde” del Centro Acuático Maria Lenk, ya que los organizadores sólo cambiarán la de la piscina de nado sincronizado.

La mexicana Dolores Hernández, quien este sábado compitió en la semifinal, comentó a Notimex que perdió su toalla –que todos los clavadistas lanzan al agua antes de saltar para recuperarla después- debido a que el agua estaba muy turbia.

“No huele mal, pero no se ve nada. Hoy perdí mi toalla porque no se puede ver el fondo. La perdí de vista y ya no la recuperé. Estará ahí flotando en algún lado”, señaló entre risas.

El vocero del Comité Organizador, Mario Andrada, anunció este sábado que van a tomar medidas “radicales” para revertir la mala imagen causada por la coloración verdosa de las dos piscinas del Centro Acuático.

De hecho, ese centro ya había sido criticado en 2015 por la Federación Internacional de Natación (FINA), que calificó a sus instalaciones como mediocres.

Sin embargo, sólo se prevé cambiar parcialmente el agua de la piscina donde la próxima semana se llevarán a cabo las pruebas de nado sincronizado.

“Vamos a tomar una estrategia más radical con el agua. Algunas medidas radicales se están llevando a cabo y una de las más radicales es reemplazar gran parte del agua en la principal piscina”, indicó Andrada.

La polémica inició el pasado martes, cuando un día después de la primera final de clavados, el agua de la piscina se tiñó súbitamente de verde –y sin explicación oficial hasta dos días después-, debido a la falta de productos químicos para regular el PH.

Atletas, como la medallista mexicana Paola Espinosa (plata en Londres 2012 en clavados de 10 metros sincronizados), expresaron con ironía su sorpresa por el color del agua, mientras jugadores del equipo australiano de waterpolo se quejaron de picor en los ojos.

El clavadista alemán Stephan Feck llegó a colgar una fotografía en su red social en la que ironizaba sobre el olor, al aparecer tapándose la nariz frente al tanque de agua verde.

Este sábado, de nuevo, clavadistas de varios países volvieron a opinar sobre el agua, que lució más turbia que nunca en la semifinal de tres metros trampolín femenino.

“No influye, pero da asco. Yo trato de salir inmediatamente del agua, me lavo después de cada clavado. Más que eso no puedo hacer”, explicó la italiana Tania Cagnotto, quien mañana domingo buscará su segunda medalla en estos Juegos Olímpicos.

“No quiero saber ni si huele mal el agua. Entro con ojos y boca cerrados, salgo y no quiero ni oler el agua. Me han dicho que da asco y me lo creo”, agregó Cagnotto a Notimex.

“¿No van cambiar el agua en la piscina de clavados? Oh, bueno no importa, es un día más, está bien (…) Es un poco pantanosa, pero estoy saltando bien, si la mantienen así, todo bien”, dijo por su parte la estadunidense Abigail Johnston (plata en Londres 2012).

El aspecto del Parque Acuático es la última de las polémicas vinculadas a la organización de los Juegos de Río de Janeiro, donde ya fueron reportadas obras inacabadas en la Villa Olímpica y fallas en los accesos a los estadios que provocaron kilométricas filas.

 

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