Siempre los deportistas buscan el momento, el lugar y la competencia más digna para poner fin a su andar competitivo y el andarín Omar Zepeda encontró toda esa grandeza en los Juegos Olímpicos Río 2016 para decir adiós y colgar los tenis.“Mi adiós lo debo hacer con una medalla”, ha dicho el deportista que nació el 8 de junio de 1977 en Toluca, Estado de México, de un metro y 77 centímetros de estatura y 68 kilogramos.

Son 20 años de vida dedicados por el mexiquense a la caminata, donde empezó como todos, como juvenil en diez kilómetros, luego pasó a los 20, distancia que le permitió en 1997 competir en el Campeonato Mundial de Atletismo de Atenas, donde concluyó en el puesto 18, y en la Copa Mundial de Marcha de Podebrady, donde quedó 36.

Es en los 50 kilómetros donde mejor desempeño tiene, con un sexto lugar en el Campeonato Mundial de Atletismo de Helsinki, en 2005, donde cronometró 3:49:01 horas.

Río de Janeiro es un buen lugar para sus aspiraciones, pues ahí ganó medalla de bronce en los Juegos Panamericanos de 2007, con registro de 3:56:04 horas, después de su compatriota Horacio Nava y el ecuatoriano Xavier Moreno.

Durante su primera participación en unos Juegos Olímpicos, los de Londres 2012, no le fue muy bien, pues finalizó en el escalón 22, con registro de 3:49:14 horas.

Sin embargo, el 6 de marzo pasado, en el Circuito Internacional de Marcha de Ciudad Juárez, registró su mejor marca personal de 3:45:28 horas, con la cual aseguró su clasificación para su segunda y última justa veraniega.

“Es la mejor marca de mi vida y es excelente a mis 38 años de edad. Estoy en mi madurez”, declaró ese día el andarín, quien se presentará con 39 años sobre su espalda, pero con el sueño de retirarse con una medalla que lo inmortalice.

NTX