Los Juegos de Río de Janeiro se alejan del modelo de reforma urbana de Londres 2012 y dejarán como legado una gran operación inmobiliaria en la que florecerán los condominios de lujo en uno de los barrios más ricos de la ciudad, Barra da Tijuca.

Si la capital británica aprovechó los Juegos para recuperar su degradado ‘East End’, según expertos consultados por Efe en Río se utilizarán para elevar aún más el estatus de Barra, un barrio de exclusivas urbanizaciones amuralladas y centros comerciales gigantes, conocido popularmente como el “Miami brasileño”.

Barra da Tijuca concentrará la mayoría de las instalaciones deportivas, también ha absorbido el grueso de las inversiones en transporte e infraestructuras y, tras los Juegos, dará paso a una nueva serie de exclusivos condominios.

La operación se gestó a través de un ventajoso acuerdo entre la Alcaldía y las constructoras por el que las empresas financiaron los estadios temporales y, a cambio, el ente municipal les dio suelo público, recalificó terrenos y alteró normativas urbanísticas, como la que limitaba la altura de los edificios en Barra.

Las recalificaciones y las inversiones olímpicas favorecieron principalmente a los dos mayores terratenientes de Barra, Carlos Carvalho y Pasquale Mauro, quien ha sido investigado por usurpación de tierras.

Las constructoras destinaron 319 millones de dólares al Parque Olímpico, pero a cambio la alcaldía les entregará 480.000 metros cuadrados de suelo, donde hoy se levantan los pabellones y gimnasios temporales, que serán desmontados para levantar un nuevo barrio destinado a compradores de alto nivel adquisitivo.

El alcalde de Río, Eduardo Paes, justificó recientemente que, gracias a esas facilidades concedidas a las constructoras, la Alcaldía pudo “ahorrar el dinero que la población” quiere que se gaste “en salud o educación”.

No obstante, Paes ha admitido que los Juegos Olímpicos promueven la especulación, aunque según él, se trata de una “especulación en el buen sentido”.

Con esas declaraciones, el alcalde se refería al ambicioso proyecto de recuperación de la degradada zona portuaria, incluido en el paquete olímpico a pesar de que esa región no tiene ninguna relación con los Juegos.

En realidad, la mayoría de los proyectos de Río 2016 se han concentrado en Barra, lo que supone un “error” y hasta un “crimen” urbanístico, en opinión del presidente del departamento de Río del Instituto de Arquitectos de Brasil, Pedro da Luz Moreira.

“Cuando haces el Parque Olímpico en Barra y la Villa Olímpica en un terreno de Carvalho repites un modelo de especulación, un modelo de condominio como club cerrado: una serie de edificios, con cercas y que sólo trae beneficios a sus vecinos”, comentó Moreira a Efe.

Según Moreira, Río podría haber optado por llevar los Juegos a zonas que no son atractivas para el mercado inmobiliario y, sobre todo, a regiones más pobladas y más pobres, lo que habría repercutido en que las inversiones en transporte e infraestructuras beneficiasen a más población.

Barra está a 40 kilómetros del centro y hasta ahora tenía una red de transporte público casi inexistente, lo que ha obligado a desembolsar fondos millonarios, que han encarecido la factura olímpica, en proyectos como una línea de metro, varios carriles de autobús exprés, viaductos o el ensanchamiento de avenidas.

La Villa Olímpica fue construida con fondos privados por la constructora de Carvalho, Carvalho Hosken, aunque el Ayuntamiento ha aportado 146 millones de dólares para urbanizar los alrededores.

El especialista en planificación urbana Renato Cosentino explicó a Efe que, sin Juegos Olímpicos, el plan director de la ciudad obligaría a la inmobiliaria a costear la infraestructura, pero en este caso “la Alcaldía la está haciendo para él”.

Tras la marcha de los deportistas, los 31 edificios de 17 plantas de la Villa Olímpica se convertirán en una exclusiva urbanización con 3.604 viviendas, que ya están a la venta por cerca de 270.000 dólares cada una, un valor considerable para Río.

El condominio más lujoso se levantará en torno al campo de golf, que fue construido en tierras de Pasquale Mauro, para lo que fue necesaria una recalificación, porque se trataba de una zona de protección ambiental.

Después de los Juegos, junto a los 18 hoyos se levantarán cuatro torres de mármol y vidrio de 19 plantas, con apartamentos de ensueño, cuyo precio oscilará entre 1,4 y 3,3 millones de dólares, aunque la inmobiliaria responsable no ha revelado el valor de los áticos de 1.300 metros cuadrados.

Otro factor que ha contribuido a aumentar el atractivo de los condominios de lujo ha sido la casi completa eliminación de las últimas favelas que restaban en la zona y cuyos habitantes han sido realojados en viviendas populares en otros barrios.

“El objetivo es volver Barra una zona de ocupación de alta renta y enviar el resto de la población a la periferia. Sin duda alguna, Río despierta como una ciudad más segregada”, opinó Cosentino. EFE