El Parque de los Príncipes no es cualquier escenario para el Real Madrid. Aquí, frente al Stade de Reims, comenzó a cimentar su leyenda europea, la primera de las diez Copas de Europa que lucen sus vitrinas.

Pese a que el Paris Saint-Germain (PSG), de la mano de los petrodólares cataríes, ha vuelto al panorama con nuevos bríos y la intención de ganar protagonismo, todavía sufre mucho en los duelos contra los grandes del continente.

Y en nadie se ve reflejado mejor ese bajón en el rendimiento que en la gran estrella del club parisino (con permiso del recién fichado Di María), el delantero sueco Zlatan Ibrahimovic, que ante un Madrid diezmado por las lesiones completó un partido gris e impreciso.

La estadística es cruel con “Ibra” en el Parque de los Príncipes: aparte de un gol contra el Barcelona en 2013, nunca ha brillado en los tres cuartos de final que han disputado los parisinos en la Liga de Campeones, y tampoco estuvo presente en la gran victoria del PSG frente a los culés en la fase de grupos de la temporada pasada.

No se le recuerdan al genio sueco, que apura sus últimos sorbos de fútbol a alto nivel, grandes noches europeas en París, pese a que en la Liga francesa, de cuestionable competitividad, suela imponer su rodillo sin excesiva dificultad ante defensas más permisivas.

Lento y algo torpe con la pelota, sus compañeros le buscaron como suelen hacerlo en su papel de boya sobre la que pivota el ataque galo, pero rara vez pudo rematar en buena posición o con peligro.

En Francia se había vendido el partido como un duelo en OK Corral entre Ibrahimovic y Cristiano Ronaldo, pero ninguno de los dos jugó a gran nivel.

La “cara B” del Madrid, con varios de sus hombres más importantes lesionados, mostró que su camiseta -como la de otros grandes del continente- aún pesa mucho a orillas del Sena.

Como bromeaba algún dirigente blanco, de la BBC del equipo (Bale, Benzema, Cristiano) el Madrid solo presentó en París la C, que sigue siendo el gran fichaje de Florentino Pérez, el que llenó el Santiago Bernabéu en su presentación en 2009 y seis años después sigue ilusionando al madridismo. Ahora máximo referente en la búsqueda de la ‘Undécima’.

Bale y Benzema se sumaron a otras bajas sensibles de jugadores importantes en la columna vertebral del equipo de Rafa Benítez como James Rodríguez, Modric (que reapareció mediada la segunda parte) o Dani Carvajal.

En el banquillo, nombres de canteranos e ilusión representada por los Marcos Llorente, Borja Mayoral o Denis Cheryshev reemplazaban los de otros compañeros de mayor lustre como el portugués Pepe o Álvaro Arbeloa.

Sin embargo, a falta de unos toques de calidad que podrían haber desequilibrado la balanza, los menos habituales demostraron a Benítez que si quiere contar con un pelotón de gladiadores aguerridos, puede echar mano de ellos.

Jesé y Lucas Vázquez corrieron bastantes más kilómetros en dirección hacia su propia portería que los que se les habrían imaginado a Bale y Benzema, lo que permitió a Marcelo olvidarse aún más de las tareas defensivas de lo que suele ser habitual.

Taponados todos los resquicios por los que trataba de penetrar el PSG, la grada, entusiasta pese al frío, observó con creciente resignación el papel de los galos.

El Parque de los Príncipes, génesis de una leyenda que sigue viva, volvió a ser gentil con los merengues, tras los fracasos de los años 1990, en su competición favorita.

EFE