El británico Chris Froome (Sky) puso en hora su tercer Tour de Francia al imponerse con autoridad en la cronoescalada de 17 kilómetros disputada entre Sallanches y Mègeve, en la que se mostró una superioridad que le permitió alejar aún más a sus rivales directos.

Froome fue una verdadera locomotora amarilla en la lucha individual contra el crono y pudo firmar su segunda victoria en la presente edición al marcar un tiempo en meta de 30,43, superando en 21 segundos al holandés Tom Dumoulin (Giant) y en 33 al italiano Fabio Aru (Astana) y al australiano Richie Porte (BMC).

Otra demostración de Froome, que dejó el interés del Tour sujeto a la lucha por el podio, con Bauke Mollema, Adam Yates y Nairo Quintana disputándose dos plazas en un pañuelo de menos de un minuto. El Tour tiene virtual vencedor.

Una vez más, Nairo Quintana dio la de arena y perdió 1.10 respecto a Froome. El colombiano admite que tiene problemas físicos, que no se reconoce y que el objetivo tiene que ser subir al podio. El sueño amarillo tendrá que esperar.

“Me está pasando albo que no es normal en mí. No es fatiga, el cuerpo no me responde, no van bien las piernas. Tal vez me esté afectando una alergia”.

La general pone a Froome alfombra roja hasta París. Restan dos etapas de montaña, pero el británico de origen keniano tiene un colchón de tiempo definitivo. Mollema es segundo a 3.52 , Adam Yates tercero a 4.16 y Quintana cuarto a 4.37. Alejandro Valverde es el primer español, octavo a 6.37, adelantado por el vencedor de la Vuelta, Fabio Aru.

Los primeros 4 kilómetros, los únicos llanos de la crono, daban acceso a la cima de la Cota de Domancy, una subida de 2.500 metros al 9,4 por ciento señalada en la historia del ciclismo. Allí cimento Bernard Hinault su victoria en el Mundial de Sallanches en 1980.

Por ese punto ya pasó volando el holandés Tom Dumoulin (11.42), “La mariposa de Maastricht”, el mismo que cerró el paso a Froome en la primera crono, el día del huracán. Marcó el segundo tiempo tras el australiano Richie Porte, quien se llevó un premio de 5.000 euros como homenaje al mítico “Caimán”.

Se trataba de una crono que exigía combinar las aptitudes dotes de contrarrelojista y escalador, además de un buen manejo de los cambios de ritmo. Dumoulin lo hace todo bien. Puso la directa por su tercera victoria y se presentó en meta con 31.04 minutos, desplazando al belga De Gendt y al campeón de España Ion Izagirre.

“No creo que mi tiempo sea suficiente para ganar. Froome a tope creo que me ganará”. Dumoulin esperaba acontecimiento en la “silla caliente”, viendo la televisión, mientras su gran rival calentaba en el rodillo en la salida de Sallanches. Aún quedaba una hora para el despegue de “Froomey”.

Y salió Froome vestido de amarillo, enormes gafas y regulando en la zona llama. Un ejercicio de control, de menos a más. El líder del Sky pasó quinto en el kilómetro 6, tercero en el 10 y entró en meta como un obús, dándole la razón a Dumoulin. Su gozo en un pozo.

Froome, de 31 años, levantó los brazos al cruzar la meta. El ganador del Tour 2013 y 2015 tiene motivos para estar tranquilo. Es imbatible también en solitario, sin equipo, por eso ganó su séptima etapa en el Tour, a lo grande y sin concesiones. Le devolvió la moneda a Dumoulin, que le relegó en la primera crono. La mariposa tenía un presentimiento, y se cumplió.

Este viernes se disputa la decimonovena etapa entre Albertville y Saint-Gervais Mont Blanc, de 146 kilómetros, último final en alto de la 103 edición.

 

EFE