La identificación de la insulina como la hormona que regula el metabolismo del azúcar se remonta a 1889… y a varios perros.

Un par de médicos, Joseph von Mering y Oscar Minkowski, investigaban la función del páncreas en la digestión. Para esto, extirparon ese órgano de un perro. Como muchas veces en la ciencia, una observación que pudo pasar desapercibida fue crucial para el avance médico. Un asistente notó que había muchas moscas en la orina del perro. Los médicos la analizaron y comprobaron que tenía gran cantidad de azúcar.

Treinta y dos años después se pudo identificar la sustancia responsable de controlar los niveles de carbohidratos, es decir, la insulina, misma que se produce en el páncreas. Para comprobar el hallazgo, se inyectaba esta hormona a perros cuyos páncreas habían sido extirpados. Estos animales mejoraban inmediatamente y sus niveles de azúcar regresaban a valores normales.

Los científicos que identificaron la insulina y los que lograron secuenciar los aminoácidos de ésta, se hicieron acreedores al Nobel. Hoy se distingue a las investigaciones en diabetes con el premio Minkowski. Así que estamos en deuda con estos investigadores y con los perros que participaron.