Aprendimos desde pequeños que el agua hierve en cuanto alcanza los 100 grados  y que a partir de esta temperatura se convierte en vapor. Luego nos enseñaron que esto puede variar un poco según la altura, y por ende, la presión. Por ejemplo, en la Ciudad de México el agua hierve a menos de 95 grados.

 

Pero el agua sí puede permanecer en estado líquido a más de 100 grados sin aumentar la presión. Para esto no se necesita un laboratorio muy sofisticado. Lo puedes observar en tu horno de microondas.

 

Mientras calentamos agua en una olla al fuego podemos ver que se forman pequeñas burbujas, las cuales crecen y suben a medida que incrementa la  temperatura hasta que escapan del líquido. Esto es lo que llamamos ebullición.

 

Cuando usamos un microondas, y debido a su funcionamiento y ciertas características del agua y del recipiente, es posible que esas burbujas no se formen y se superen los 100 grados.

 

En este caso, el agua está “supercalentada” y puede ser peligrosa. Agitarla o introducir algo, como azúcar o una bolsa de té, desencadenará el proceso de ebullición violentamente, lo que podría ocasionar quemaduras graves.

 

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