La luz al final del túnel o las experiencias cercanas a la muerte no son más que una anomalía cerebral.

Así lo aseguran expertos en neurobiología de la Universidad de Amsterdam, en Holanda, al referirse a la experiencia que muchos pacientes aseguran haber tenido en el umbral de la muerte.

Explican que esa sensación se debe a la falta de riego sanguíneo en el globo ocular, lo que les hace perder la visión periférica, vislumbrando tan solo una luz en el centro del ojo.

En cuanto a la sensación de “flotar” fuera del propio cuerpo, lo atribuyen a que una parte del cerebro, la zona del giro angular responsable de la sensación del equilibrio, no tiene suficiente oxígeno.