Tu cerebro necesita menos de un segundo para enamorarse, un quinto de segundo para ser más precisos, así lo afirma una reciente investigación de la Sociedad Internacional de Estudios sobre Sexualidad.

Indican que en ese periodo, los químicos que inducen euforia y que se liberan con el enamoramiento (oxitocina, dopamina, vasopresina y adrenalina) comienzan a actuar sobre el cerebro y estamos oficialmente bajo el influjo del amor.

De acuerdo los investigadores la selección de estos químicos cerebrales también depende del tipo de amor que experimentemos, aunque se incluye la valoración, motivación dirigida, recompensa, autorepresentación e imagen física de la pareja.

Con lo que concluyen que aunque enamorarse toma menos de un segundo, el proceso completo pone a trabajar el cerebro horas extra.